"El martillo de Pepejuán". Por Vicente Sáez Vallés (FAer).

Admitamos que la vida de los seres humanos en sociedad, está llena de barreras. Las barreras son esas fronteras transparentes que separan a todos, de sus fantasías. Tengo un gran amigo que se llama Pepejuán, y se enteró de que había separaciones engañosas entre las gentes; a esas barreras las llamó campanas. La gente sólo eran badajos de las campanas que les encerraban: así que se dedicó a romperlas, para que todo el mundo pudiera compartir su fantasía. Sin embargo, se olvidó de su propia campana.

El martillo y Pepejuán.

Pepejuán y su martillo.

Pepejuán va por la vida con su martillo de acero, ya ennegrecido por el uso.

Pepejuán no tiene edad, pero no importa...

La gente no ve el martillo y, a veces, tristemente, no lo quiere ver. Me atrevo a afirmar que el martillo es una prolongación de su brazo.

Todos tienen una campana de cristal. Una campana de vidrio más o menos resistente (según el caso), que todos sufren, aunque algunos sean tan fuertes como para romperla.

Una campana que los envuelve y les impide salir de sí mismos. Una campana, a veces tan hermética, que les hace morir sin oxígeno.

Las campanas son de muchos colores, tamaños, grosor. La variedad la da el tipo humano.

Una campana que les hace vivir en sí mismos, siendo los demás una fugaz imagen incompatible, incognoscible...

A veces, al mirar a través del cristal, se deforman las imágenes. Otras el cristal es opaco.

Pepejuán, con su martillo, va rompiendo campanas. Ninguna se le resiste.

Pepejuán es alto, pero no importa.

A veces de un golpe, otras queda extenuado después de tanto percutir.

Pepejuán lleva gafas de pasta, pero no importa.

La gente no se suele dar cuenta, incluso algunos lo desprecian.

Es una parte de sí. No lo hace por lucro, ni mucho menos. Ni por humanidad... Pepejuán ya es humano. No necesita medicinas.

Pepejuán se cree feucho, pero no importa.

Los pocos que le conocen, se preguntan por qué. Dudo que él lo sepa. Es una parte de sí.

Un día le dijo un hombre concienciado:

- ˇPero mi campana es de cristal anti-bala!.

- ˇEs igual! Mi martillo es infalible.

Y la campana estalló en mil pedazos.

El martillo está hecho de Pepejuán.

Pero una mañana, al despertar, encontró una campana muy cerquita de su cama. Era gruesa, "de quinto grado", pensó a ojo. Intentó buscar el principio, y la circunferencia se cerró con Pepejuán dentro.

ˇPepejuán se hallaba en el interior de una campana!.

No sabía cómo, pero era realidad. El veía todo deforme. El encerrado, y fuera el azul.

Corrió por el martillo, y vio desconsolado que estaba lejos de su alcance. ˇFuera de la campana!.

Se consternó.

Comenzó a dar inútiles golpes con los puños, arañó y pataleó el duro cristal: todo fue inútil.

Cayó al suelo en un llanto.

Es de suponer que Pepejuán consiguió fabricarse un martillo con jergones de la cama, si alguien de afuera le incitara...

Es menos probable que hubiera fuera otro Pepejuán más Pepejuán libre de campanas.

Pero... żY si todo fuera una gran campana con muchas pequeñas en su interior qué a su vez...?.