"El martillo de Pepejuan" - Comentario de texto. Por Josefina Martínez Monteagudo, (Fina).
"No vemos las cosas tal como son, las vemos tal como somos". (Anaïs Nin).
"Si no fuéramos algo más que seres únicos, sería fácil hacernos desaparecer del mundo con una bala de fusil, y entonces no tendría sentido contar historias. Pero cada hombre no es solamente él; también es un punto único y especial, en todo caso importante y curioso, donde, una vez y nunca más, se cruzan los fenómenos del mundo de una manera singular." " Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo". (Hermann Hesse).
"Pero... ¿y si todo fuera una gran campana con muchas pequeñas en su interior qué a su vez...?". Vicente Sáez).
"Todos tienen una campana de cristal", dice Pepejuán/Vicente. La metáfora de la campana no es tan sólo el lugar donde creemos estar a salvo, seguros, protegidos, al impedir que lo exterior penetre y nos dañe, es también el cristal a través del cual percibimos lo que está al otro lado. Dependiendo de su color, grosor, transparencia u opacidad, veremos más o menos, deformado el mundo de afuera. Se podría decir que hay tantos mundos como campanas.
Todos vivimos bajo una campana de cristal. Nacemos en una
determinada sociedad, cultura, religión, familia, costumbres y
normas que filtran lo que se permite aceptar o rechazar. Hay
muchas campanas, pero todos tenemos una propia que
hemos ido creando con el paso de los años. Es parte de
nosotros, como una segunda piel. Quizá, por eso, resulte tan
difícil de romper.
Lo malo es que al igual que impide la entrada de lo que creemos que nos podría hacer daño, también lo hace con lo que podría resultarnos beneficioso. La campana es la barrera que nos separa de los otros y sus mundos. Nos impide experimentar, comprobar, sentir cosas nuevas. Aislados en nuestro pequeño mundo a nuestra medida, respirando el mismo aire viciado, una y otra vez. Pocos consiguen juntar las suficientes fuerzas para vencer el miedo a romper el cristal que nos aísla, para dejar de ser un simple "badajo" de la campana... y, a menudo, esperan con temor que algo desde fuera les libere.
Pepejuán tiene un martillo. "El martillo está hecho de Pepejuán", y ninguna campana, sea cualquiera que sea su grosor, se le resiste, ninguna salvo la suya propia. Ya se sabe, las propias barreras son las más difíciles de destruir, pero Pepejuán tiene suficiente fuerza e ingenio para conseguirlo. Su fuerza es la imaginación, la fantasía, ese es su mundo, el mundo que siempre está deseando compartir con los otros. Y, por eso mismo, es por lo que va por ahí rompiendo campanas de cristal. Y... ¿si hubiera alguien afuera que le leyera...?.