8- PENDIENTES DE PENSIÓN (comentarios de texto). (Cristina Sáez Vallés y Josefina Martínez Monteagudo).

En el 2002, una tarde, en mi casa, mi hermano Vicente y yo empezamos a recordar viejos tiempos de cuando hacíamos teatro: anécdotas, toda la gente que habíamos conocido, los sitios en que habíamos actuado… Cuando hablábamos de estas cosas, disfrutábamos, nos reíamos, nos olvidábamos de Corrine, de Germán, y de todos. Recuerdo que, tras un breve silencio, no recuerdo quién los dos dijo que había que hacer algo... el guión de un corto, por ejemplo. Y empezamos a pensar en una historia, en unos personajes. Tenía que ser comedia, negra mejor. Con personajes reales, pero ridículos. Robar un banco para no quedarse sin la "pensión" en la que viven unos discapacitados, porque con la "pensión" que cobran no les llega para nada. Así, Vicente escribió el relato, y después yo lo fui pasando a guión. De la novela inicial, se cambiaron muchas cosas, porque así es el cine. Pero cada vez que cambiábamos algo, (por motivos de localizaciones o de presupuesto) lo hacíamos juntos.

Los personajes tienen un poco de nosotros. Viven todos juntos en una pensión, un piso viejo que tiene alquilado Mari Luz a una mujer rica y sin escrúpulos, que pretende dejar a todos en la calle. Pepejuán, el líder del grupo, montado en su silla de ruedas eléctrica, el listo, inteligente, gruñón, ligón… El papel de Pepejuan lo iba a hacer Vicente, pero al final no se animó a realizarlo. Lo hizo un actor profesional, que me preguntaba cómo quería yo que Vicente interpretara a Pepejuán. Le respondí: "¡Fíjate en mi hermano!".

Yo interpreto a Lola (mi madre se llama así), llorona como yo, enamoradiza, un poco madraza (yo no tengo hijos, pero sí sobrinos y, Vicente, que era mi hermano menor, dos años menos, y mucho más alto, me decía en esas ocasiones en que yo ejercía de hermana mayor: "Tú no eres mi madre". Vicente pensó en mí al crear el personaje.

Los demás personajes tienen rasgos comunes, y son un poco extremos para que resulten graciosos dentro de su propia y, en el fondo, dramática situación. Como dice Mafalda: "¿Tan mal están las cosas que hay que tomárselas a cachondeo?". Casi que sí.

Tres años después, escribimos una segunda parte. Esta vez fue al revés que la anterior: Primero escribimos el guión entre los dos. Pero esta vez no tuvo tiempo de escribirlo en novela, o no quiso, o no pudo, o no se lo planteó. El caso es que no escribió la segunda parte de "Pendientes de Pensión", titulada "Los pendientes de la pensión". Tampoco la vio terminada la grabación del segundo cortometraje. Murió dos meses antes de su estreno. Pero está dedicado a él, a Vicente. (Cristina Sáez Vallés).



"CABALLERO CON ARMADURA DE PLÁSTICO.
...Tienes armas deficientes
para garantizar tu derrota.
Naces humilde, no te comas el mundo con un cuchillo de palo...
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - con una espada de latón...
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - con una armadura de plástico..."
.

(Vicente Sáez Vallés).

"- ¿Por que este riesgo, Pepejuán? -preguntó filosófica Inma.
- Porque el precio de la libertad está en el riesgo, quién no llora, no teta"
.
(Pendientes de pensión, Vicente Sáez Vallés).

"Pendientes de pensión" es una historia sobre personajes en el límite, al borde... personas que no encajan en el ideal social, la perfección, las normas inventadas y reverenciadas como ciertas e inamovibles por los que dictan cómo han de ser las cosas.

Los protagonistas viven situados en el margen... pendientes siempre de algo, de no perder lo poco que aún tienen. "La pensión" no es sólo un juego de palabras. Es aquello que les une en su dependencia. No sólo un mísero salario del que dependen, sino también la casa en la que todos viven... pendientes de que pueda desaparecer. Algo por lo que luchar, no dejarse vencer por las circunstancias, cambiar lo establecido. Unirse.

Y ahí está Pepejuan, el alter ego literario de Vicente, su otro yo, capaz, al igual que él mismo, de embarcar a cualquiera en las más disparatadas aventuras. Lo descabellado parece posible, si Pepejuán lo organiza. La debilidad de cada uno por separado, se convierte en la fuerza del grupo, y el éxito se logra aprovechándose, precisamente, de esa incapacidad de la sociedad, que consiste en no ver más allá de los estereotipos. ¿O acaso alguien que va en silla de ruedas podría ser sospechoso de haber realizado tal atraco?.

Es una historia en la que los que siempre pierden, por fin ganan... aunque, por una vez, sea de una manera no muy legal. Los débiles no se resignan, no se conforman con lo ya establecido, no tiran la toalla, se unen en la adversidad y, así, consiguen cambiar su vida, dejan de estar pendientes. Podría haber sido una comedia negra, pero, a pesar del cinismo y el humor socarrón, hay demasiada ternura, bondad y amistad. No podría ser de otra manera, viniendo de Vicente.

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