"Sesión de cine clásico" - Comentario de texto. Por Josefina Martínez Monteagudo (Fina *).
"- Eso te pasa por sólo ver lo que quieres ver. ¿Tienes frío?". (Vicente Sáez).
Vicente era un gran aficionado al cine. Quizá porque se sentía especialmente a gusto en esos mundos en los que se
mezclan fantasía y realidad. Y si hay un lugar en el que lo imaginario resulta más real es, sin duda, el de la gran
pantalla. El relato "Sesión de cine clásico" habla de ese mundo, y cómo influye en nuestras vidas, incluso sin ser
conscientes de ello.
En las películas, actores y actrices aparecen siempre perfectos: bellos y
jóvenes... empleando siempre la frase justa en el momento adecuado.
Atrapados en esas imágenes, arropados por sugestivas músicas, dejan de
ser los personajes de una obra, que siguen un guión, de una historia
contada, para convertirse en mitos... ídolos a imitar… y, entonces, el
tiempo se detiene, siguen vivos... ya inmortales.
Si hay un periodo de la vida en que el fenómeno "fan", es vivido, y sentido
con mayor intensidad, ése es el de la adolescencia. Cuando el cuerpo
cambia tan rápido, que resulta difícil reconocerse. La infancia desaparece,
y todavía no se tiene la capacidad de tomar decisiones propias de adultos.
Cuando los padres dejan de ser referentes válidos y, como diría el poeta,
"ser sublime sin interrupción" se convierte en casi una obligación, la
necesidad de encontrar a alguien a quien idealizar, venerar, y aspirar a
parecerse a él, o ella, resulta vital.
Así, cada nuevo adolescente vuelve a redescubrir, como si fuera el único a
quien le está pasando y como si a nadie más le volviera a pasar, el problema de la identidad... el dilema del amor y el
sexo... el conflicto de la libertad. Y, si no, véase el éxito de la saga "Crepúsculo" (Bella y Edward, sin disimulo), Eros y
Psique, la Bella y la Bestia por enésima vez contada, y vendida como nueva.
No sé si algún joven de hoy en día volverá a descubrir el cine clásico, ni si, también, se enamorará, como lo hizo
Vicente, de la mirada de Merle Oberon... quizá tenga otro rostro, como el de Kristen Stewart (Bella Swan, en la serie
"Crepúsculo"), pero espero que, igualmente, sepa encontrar ese "anillo de Gary Cooper" que le permita apreciar, de
verdad, a las personas de carne y hueso, que están ahí, a su lado. Al fin y al cabo, a lo mejor en esto consista crecer:
en darse cuenta que, si bien los ídolos seguirán siendo inmortales, las personas que los encarnaron envejecen y
mueren, al igual que los demás.
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* Fina es paciente de Distrofia Muscular.
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